viernes, 9 de junio de 2017

Ordenación del Padre Daniel Vargas.


En Santiago de Chile el día domingo 21 de mayo fue ordenado presbítero el diácono Daniel Eduardo Vargas González para la Iglesia Una de Cristo, por El Obispo Primado de Chile Mons. Santiago Frías Santana, dentro de la denominación Anglocatólica "Iglesia Católica Episcopal Antigua".


El Reverendo Daniel Vargas, es además docente, profesor en Filosofía y Religión, egresado del Instituto de Teología de Colombia y revalidado en Chile.


Como misionero en la Iglesia Católica Episcopal Antigua. desarrolló su apostolado en Chile, Argentina, Brasil y Colombia, adquiriendo una rica y gradual experiencia que volcará en su nueva Misión a cargo del Seminario de formación de las vocaciones y de perfeccionamiento de los clérigos de la Institución.


Fue ordenado Diácono en la ciudad de Córdoba - Argentina, el día 7 de octubre de 2015 por manos del Arzobispo Juan Carlos Urquhart de Barros, en el transcurso del "Sínodo Mundial Unido" organizado por la "Iglesia Católica Episcopal Antigua" que se desarrolló entre los días 5 al 12 de octubre del año 2015, con participantes de Iglesias invitadas de Chile, Brasil, Ecuador, Alemania y Argentina.
Entre el 24 y 26 de marzo de 2017, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en el transcurso del Sínodo Anual de la "Iglesia Católica Episcopal Antigua" fue ratificado como canciller de la Diócesis de Chile y nombrado Rector para el Seminario e Instituto Teológico de la Institución.


También debemos destacar que anteriormente  ha compartido misiones con su Obispo Consagrante en el sur extremo de Chile: Punta Arenas.






Toda la tradición cristiana, nacida de la sagrada Escritura, habla del sacerdote como hombre de Dios, hombre consagrado a Dios. Homo Dei: es una definición que vale para todo cristiano, pero que san Pablo dirige en particular al obispo Timoteo, su discípulo, recomendándole el uso de la sagrada Escritura (cf. 2 Tm 3, 16). Dicha definición se puede aplicar tanto al presbítero como al obispo, en virtud de su especial consagración a Dios. A decir verdad, ya en el bautismo todos recibimos una primera y fundamental consagración, que incluye la liberación del mal y el ingreso en un estado de especial pertenencia ontológica y psicológica a Dios (cf. santo Tomás, Summa Theol., II.II, q. 81, a. 8).








Según la fe de la Iglesia, con la ordenación sacerdotal no sólo se confiere una nueva misión en la Iglesia, un ministerio, sino también una nueva consagración de la persona, vinculada al carácter que imprime el sacramento del orden, como signo espiritual e indeleble de una pertenencia especial a Cristo en el ser y, consiguientemente, en el actuar. En el presbítero la exigencia de la perfección deriva, pues, de su participación en el sacerdocio de Cristo como autor de la Redención: el ministro no puede menos de reproducir en sí mismo los sentimientos, las tendencias e intenciones íntimas, así como el espíritu de oblación al Padre y de servicio a los hermanos que caracterizan al Agente principal.



El ejemplo de san Pablo, que vivía como apóstol totalmente consagrado, pues había sido "alcanzado por Cristo Jesús" y lo había abandonado todo para vivir en unión con él (cf. Flp 3, 7.12). Se sentía tan colmado de la vida de Cristo que podía decir con toda franqueza: "No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí" (Ga 2, 20). Y, con todo, después de haber aludido a los favores extraordinarios que había recibido como "hombre en Cristo" (2 Co 12, 2), añadía que sufría un aguijón en su carne, una prueba de la que no había sido librado. A pesar de pedírselo tres veces, el Señor le respondió: "Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza" (2 Co 12, 9). A la luz de este ejemplo, el presbítero puede entender mejor que debe esforzarse por vivir plenamente su propia consagración, permaneciendo unido a Cristo y dejándose imbuir por su Espíritu, a pesar de la experiencia de sus limitaciones humanas. Estas limitaciones no le impedirán cumplir su ministerio, porque goza de una gracia que le basta. En esa gracia, por tanto, el presbítero debe poner su confianza, y a ella debe recurrir, consciente de que así puede tender a la perfección con la esperanza de progresar cada vez más en la santidad.




Como nos indica nuestra identidad iluminada por la la tradición de toda la Iglesia Católica Antigua en su reservorio del siglo XVI en el Libro de Oración Común: "Como presbítero, será tu deber proclamar por palabra y obra el Evangelio de Jesucristo, forjando tu vida de acuerdo con sus preceptos. Ama y sirve al pueblo entre el que trabajas, cuidando igualmente de jóvenes y ancianos, de fuertes y débiles, de ricos y pobres. Predica, declara el perdón de Dios a los pecadores penitentes, pronuncia la bendición de Dios, comparte en la administración del Santo Bautismo y en la celebración de los misterios del Cuerpo y Sangre de Cristo, y desempeña las otras funciones a ti confiadas.
En todo cuanto hagas, sustenta al pueblo de Cristo con las riquezas de su gracia, y fortalécele para glorificar a Dios en esta vida y la venidera.


Es el aspecto ascético del camino de la perfección, que el presbítero no puede recorrer sin renuncias y sin luchas contra toda suerte de deseos y anhelos que le impulsarían a buscar los bienes de este mundo, poniendo en peligro su progreso interior. Se trata del combate espiritual, del que hablan los maestros de ascesis, y que debe librar todo seguidor de Cristo, pero de manera especial todo ministro de la obra de la cruz, llamado a reflejar en sí mismo la imagen de Aquel que es sacerdos et hostia.








Junto al Obispo Santiago Frías Santana, tienen una importante Misión frente al pueblo Chileno, que hambriento de Dios, espera siempre nueva y buena luz a través de los Misioneros Evangelizadores que anuncian la buena nueva, centrados en la Biblia y sin agregados ni desvíos.





La celebración de los sacramentos los fortifica en la fe y en la unión con Cristo. Todo el conjunto del ministerio pastoral desarrolla en ellos la caridad: "Al regir y apacentar al pueblo de Dios, se sienten movidos por la caridad del buen Pastor a dar su vida por sus ovejas, prontos también al supremo sacrificio" (ib.). Su ideal consistirá en alcanzar en Cristo la unidad de vida, llevando a cabo una síntesis entre oración y ministerio, entre contemplación y acción, gracias a la búsqueda constante de la voluntad del Padre y a la entrega de sí mismos a la grey (cf. ib. 14).




Nuestra Identidad Episcopal Antigua, Católica y Bíblica, nos permite optar, fieles a la palabra de Dios y al carisma que él mismo impregnó en cada uno de los llamados, a ser célibes o casados. El Padre Daniel optó por vivir su sacerdocio como ministro célibe, respetando ese carisma donado por Dios.


Cuando el presbítero reconoce que ha sido llamado a servir de instrumento de Cristo, siente la necesidad de vivir en íntima unión con él, para ser instrumento válido del Agente principal. Por eso, trata de reproducir en sí mismo la vida consagrada (sentimientos y virtudes) del único y eterno sacerdote, que le hace partícipe no sólo de su poder, sino también de su estado de oblación para realizar el plan divino. Sacerdos et hostia.


En nuestra denominación Católica, revivimos la Iglesia Bíblica de Cristo, que incluye a todas las personas de buena voluntad...


Estamos en convivencia continua con nuestras pequeñas comunidades, ampliando la familia, como en las primeras comunidades cristianas. El pastor que conoce a sus ovejas, las llama por su nombre, y éstas le siguen porque conocen su voz. "Conocer no es solo "saber" ni tener información sobre alguien, sino que indica una relación personal hecha de encuentros, indica una relación de comunión construida en el amor.
El Señor Jesús nos conoce personalmente en nuestras idas y venidas, en nuestras búsquedas y temores, y allí nos invita a una relación de amor, a conocer su voz y seguirlo.


El Señor Jesús viene a dar, no a quitar. Viene a dar libertad, confianza y a dar su propia vida por y para sus ovejas. El evangelio establece el contraste con los que llegan saqueando el alma de las personas, robando inocencias, destruyendo confianzas, rompiendo el amor a la verdad, despertando recelos, temores y matando esperanzas.
Frente a las promesas seductoras de todos los saqueadores y aprovechadores, el Señor Jesús nos invita a escucharlo, a entrar en una relación personal con él y a acoger la vida que nos quiere dar (Jn 10, 10)


La relación personal con Jesús Resucitado es la seguridad de su rebaño que camina confiando en medio de la historia. La relación con él es la puerta de una vida llena de sentido, muy distinta de los ilusorios espejismos. Ante estos, Jesucristo nos dice: Yo soy la puerta; si alguno entra por mi, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto (Jn 10, 9).


Oramos por el Padre Daniel para que tenga mucha luz en este camino tan complejo de anunciar el evangelio de nuestro Señor Jesucristo: 
Oh Señor Jesucristo, por nosotros te hiciste pobre para enriquecernos con tu pobreza: Guía y santifica, te suplicamos, al Padre Daniel Vargas González, que has llamado a seguirte bajo los votos de pobreza, y obediencia; a fin de que por su oración y servicio enriquezcan tu Iglesia y, por su vida y adoración, glorifiquen tu Nombre; tú que reinas con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por siempre. Amén.

++Juan Carlos

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